Una dolorosa lección Octubre 1, 2007
Posted by jpgarnham in Edgar Merino, Estructura dramática.trackback
La pasión que los reunía cada fin de semana, estuvo cerca de separarlos.
Por Edgar Merino
“Estamos en la mejor lucha libre a nivel mundial, líder en espectáculo deportivo. Al ras de la lona, aquí junto a Carrrrliiiitos y quien les habla: Hugo Savinovich. Recuerden no practicar lo visto aquí en sus casas, pues todos son profesionales”. Este era el comienzo de un capítulo más del pasatiempo favorito de Rodrigo Matus, la lucha libre.
En esta ocasión su máximo ídolo, Stone Cold, luchaba por el campeonato mundial de peso pesado. La Piedra Fría, como lo apodaban, enfrentaba al luchador que había obtenido el titulo golpeando por la espalda, con un mazo, al ex campeón. Era Triple H el enemigo que tenía enfrente.
Rodrigo se había reunido junto a uno de sus mejores amigos, Scandar Mohor, para disfrutar de su pasión por la WWF (nombre de la federación de lucha). Por suerte, para Rodrigo, todo se desarrolló como esperaba en la pelea por el título mundial. “La serpiente cascabel” tomó a Triple H, lo levantó y lo suspendió en el aire dejándolo caer bruscamente para luego ganar la lucha. Aquel luchador que tenía enmarcado en su pieza, era el nuevo campeón mundial.
Rodrigo y Scandar luego de la transmisión del programa se transformaban en protagonistas. Desarrollaban su propia pelea, pero sólo simulaban los golpes sin realizarse ningún daño. “En esos momentos, era lo mejor sentir que podía luchar como Stone Cold”, dice Rodrigo a 8 años de este particular combate.
El “ring” ya estaba listo, los cojines rodeando la alfombra marcaban los límites del “cuadrilátero”. Luego de 10 minutos de pelea, Scandar realizó una llave inglesa en contra de Rodrigo. Lo tomó de la entrepierna dejándolo tendido en el suelo. Matus no se levantaba. Scandar, con el rostro desfigurado, le dijo: “No seas niñita”. Algo estaba mal. Rodrigo se cubría el rostro con sus manos para cubrir el llanto. Su amigo no se había percatado de que lo había golpeado en los genitales cuando realizó la llave.
Durante más de 5 minutos Mohor intentó reanimar a su amigo. Rodrigo sólo lloraba y no le respondía, por lo que decidió llamar a la madre de éste. La tía corrió inmediatamente por las escaleras para llegar al “ring” que estaba situado en el primer piso de la casa.
Rodrigo, de 11 años en ese entonces, estaba amurrado en la esquina del “cuadrilátero”. Su madre, que ya se encontraba a su lado, le tocaba la cabeza y lo abrazaba para consolarlo. Scandar le hablaba y le pedía perdón.”Me sentía culpable”, recuerda hoy.
Durante una semana no se hablaron. Con el tiempo volvieron a ver a la lucha libre pero no a practicarla.
Rodrigo siempre recordará las palabras de los comentaristas: “Niños, no practiquen esto en casa. Nuestros luchadores son profesionales de la actividad”. Esta frase pasó a formar parte de su vida como jamás antes lo hubiera pensado.
Es entretenido, porque describe hartos aspectos de lo que es la lucha libre. Se hace muy rápido de leer. ¿Quién no se creyó alguna vez algún personaje de la lucha libre y causó algún daño a un familiar y/o amigo?
Ahora, encuentro que como consecuencia de esa descripción del programa de la lucha libre se pierde un poco la idea central que es relatar un accidente. Pero es un relato bastante entretenido y el accidente por cruel que suene es de certa forma, divertido.