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Heroínas en aumento Diciembre 2, 2007

Posted by jpgarnham in Carolina Collins, Noticias de 2007, Trabajo final.
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Según la última encuesta CASEN realizada por el MIDEPLAN y el INE, el número de familias pobres con jefatura de hogar femenina, ha aumentado en un 35%.
Por Carolina Collins

Las paredes de la casa son frágiles. Algunos años, no resisten las filtraciones de agua en el invierno por la delgada madera. La vivienda tiene sólo dos habitaciones, separadas por una plancha de Cholguán, que casi no aísla los sonidos de una pieza a otra. En este lugar vive Solange Contreras, empleada doméstica en dos hogares en la comuna de Padre Hurtado.
La encuesta CASEN 2006, reveló que entre los pobres no indigentes, las jefas de hogar como único soporte, subieron a un 35 por ciento. Se trata de mujeres que dividen sus labores de madre y dueña de casa, con el trabajo que deben realizar para mantener a sus familias.
Cuando son las seis de la mañana y el sol está recién apareciendo por el oriente, comienza el día para Solange. La rutina es siempre la misma. Se levanta y prepara desayuno. Pan y tecito con tres cucharadas de azúcar. Sus hijos, Varinia y Jordan, de trece y ocho años respectivamente, se visten para ir al colegio. Corbata azul, zapatos bien lustrados y mochila cargada de libros en la espalda.
Según la encuesta CASEN, cerca de un 35 por ciento de estos hogares pobres, son dirigidos por mujeres que no cuentan con el apoyo de sus cónyuges.
El padre de Jordan y Varinia, está ausente desde que nació el menor de la familia. Solange prefiere no hablar de él. «Desde que se fue dejó de ser parte de la familia», dice seria, escondiendo la sonrisa que acompaña todo lo que dice.
Gustavo Rayo, jefe de la División de Planificación Regional del MIDEPLAN, explica que, en el caso de las mujeres jefas de hogar del 40% más pobre, el estado ha diseñado sus políticas pensando en el sustento económico de sus grupos familiares. «El esfuerzo central ha estado en facilitar la integración de esa mujer al mercado del trabajo. Esa propia mujer, habrá definido como primera prioridad aquello. Lograr la independencia económica que le permita atender el cuidado de sus hijos», afirma Gustavo.
Una vez preparados para salir, la madre lleva a sus hijos a clases. Varinia la abraza fuerte y se despide. Solange parte con paso apurado a su trabajo. «Chao mami», dice la niña desde la puerta del colegio. Ella sabe que no la verá hasta a noche. Es posible que no alcancen a verse, porque a veces se duerme temprano. En esos días, Solange se acuesta unos minutos en la cama de alguno de los niños para alcanzar a pasar tiempo con ellos. Ella eligió trabajar por sus hijos. Era eso, o sumirse en la completa pobreza.
A los 19 años, Solange asumió la responsabilidad de mantener a sus hijos. Es por esta razón que debe cumplir con dos trabajos. «Es sacrificado porque paso muy poco tiempo con mis hijos, pero es lo que debo hacer para que nunca les falte nada», dice Solange. A sus 32 años, aparenta muchos más. Algunas arrugas ya aparecen alrededor de sus ojos y en su sonrisa, un par de dientes se ausentan.
La encuesta CASEN, es una radiografía del país en su conjunto, la cual está construida a raíz de la estructura demográfica que hace el Censo.
En Chile, los hogares con jefaturas femeninas van en aumento en todos los estratos. Sin embargo, esta alza se hace más notoria en los grupos socioeconómicos más humildes. En sólo tres años, desde la última encuesta CASEN realizada el año 2003, en el estrato de pobres no indigentes, la jefatura de hogar por parte de mujeres, aumentó en un diez por ciento.
Solange entró a trabajar cuando sólo tenía doce años. «Yo empecé desde muy chica», cuenta Solange. Ella no quiere lo mismo para sus hijos, quiere que sean profesionales con un estilo de vida menos sacrificado. «Por eso me esfuerzo para que puedan tener una buena educación», sostiene Sol, apodo que se puso ella misma. En el segmento socioeconómico de pobres no indigentes, el promedio de nivel de escolaridad, sólo alcanza los ocho años.
Solange siente que por sus horarios de trabajo, sus niños son los más afectados, a pesar del cansancio que la afecta cada vez que regresa a su casa.
Jordan, su hijo menor, fue llevado hace algunas semanas hasta un retén de Carabineros de Padre Hurtado, tras subirse a un camión repartidor de gas para golpear los galones. Su madre tuvo que ir a buscarlo horas más tarde, interrumpiendo su jornada de trabajo. «Mi mamá me retó y tenía razón. Ella quiere lo mejor pa’ mí y mi hermana y yo la admiro por eso», dice Jordan con sus ojos oscuros fijos en los de su madre.
La misma opinión comparte Varinia, quien cuida y protege a su hermano cuando su madre se ausenta para ir al trabajo. «Yo admiro a mi mamá, porque siempre está preocupada por nosotros. Trabaja mucho para darnos lo mejor y aún así tiene tiempo para atendernos y enterarse de nuestras cosas. A veces no sé cómo lo hace», comenta la niña en un tono quizás demasiado serio para sus trece años.
Solange ha aprendido a dividir su tiempo entre el hogar, la familia y el trabajo. Al darse cuenta de esto, se siente orgullosa. Está contenta con lo que ha logrado y no se arrepiente de nada de lo que ha debido pasar. «Hay gente que no es capaz de llevar una familia. Yo me siento más que todos los demás. Estoy más orgullosa que los chiquillos hombres incluso», asegura Sol.

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