Una lucha por amor Diciembre 2, 2007
Posted by jpgarnham in Javiera Olivares, Noticias de 2007, Trabajo final.trackback
Con más de 150 años de existencia una de las familias más longevas del país está por consumirse. La comunidad ferroviaria, llena de tradiciones e historias lucha contra las autoridades de gobierno, la modernidad y el olvido nacional por no desaparecer.
Por Javiera Olivares
Su voz denota una profunda adicción al cigarro. Es ronca, raposa. Hace nueve años que, Miguel Muñoz Orrego de 65 años, dejó de fumar, pero hace seis meses tuvo que operarse la carganta. Su doctor le pide no hablar largamente, pero no puede, es dirigente ferroviario. Este sacrificio es unos de los muchos que él y otros trabajadores ferroviarios están dispuestos a dar por su amor a Ferrocarriles del Estado.
Su labor como dirigente le demanda gran parte de sus fuerzas y tiempo. Pero Miguel lo hace por amor a los trenes, con más de 46 años de servicio la empresa estatal de ferrocarriles se transformó en su familia.
Miguel pertenece a una familia de tradición ferroviaria. Sus abuelos, tíos y padres, quienes murieron en servicio, pertenecieron a la empresa. Para él Chile tiene una cultura ferroviaria, casi todas las ciudades se construyeron alrededor de las estaciones. “Ferrocarriles ha inspirado a grandes artistas. Pablo Neruda viajaba constantemente en trenes y Gabriela Mistral tuvo amores con un ferroviario”, informa en relación al amorío que tuvo con el joven ferroviario Romelio Ureta Carvajal, a quien le dedicó el poema Sonetos de la muerte, tras su suicidio.
Para los antiguos ferroviarios la situación actual que vive EFE les toca en el alma. Para ellos las causas están claras.”El error del Estado fue colocar a ejecutivos que no conocen en absoluto lo que es la empresa y eso fue un gran error hasta el día de hoy”, manifiesta Aladino González Torres de 67 años. Trabajó más de 25 años en el departamento de electrificación de EFE.”Hoy puede llegar un ingeniero civil o incluso un doctor al directorio de una empresa que es de transporte”. Antes Aladino sentía los viajes en trenes como un placer. Se subía a bordo y el conductor, el que cobraba los pasajes y los pasajeros eran amables, irradiaban felicidad y conversaban entre ellos. Se comportaban como si fueran familias o grandes conocidos. Tenía amigos en todas las estaciones ferroviarias y siempre se ayudaban entre ellos, aunque no se conocieran, el hecho de ser trabajador de EFE era suficiente.
Para la Unión ferroviaria al prescindir de la capacidad y experiencia del trabajador ferroviario se pierde el principal sustento de EFE, el amor por los ferrocarriles. “Los directivos pretenden establecer una empresa que deje rentabilidad económica. Lo ven sólo como un negocio cuando lo que el servicio de transporte genera es rentabilidad social”, dice miguel Muñoz. Para el también presidente de la Federación nacional de trabajadores ferroviarios acercar a la gente a su ciudad o a su lugar de trabajo significa juntarla con sus seres queridos, darle una oportunidad de ingreso económico. Así se motivaban día a día para ir a trabajar. Lota y Coronel se transformaban al llegar los trenes. Llegaban los mineros y las minas de carbón comenzaban a ser explotadas, no sólo era un desarrollo económico para las localidades, sino para todo el país. “Es una pena que eso se perdió”, concluye.
Para Aladino se debe recuperar el servicio de carga, ahora en manos de privado, y poner a cargo de la empresa a gente que conozca el funcionamiento de ferrocarriles, los trabajadores y los pasajeros. “Antes existía cariño por la empresa, teníamos un amor entrañable por ferrocarriles, y todos éramos una verdadera familia”, comenta Hugo Salinas, antiguo trabajador de la Maestranza de San Bernardo donde por más de treinta y cuatro años se desempeñó como tornero. Le decían el raya, por su físico delgado. Hoy luce un cuerpo con evidente sobrepeso, que no le harían acreedor de su antiguo sobrenombre, y carga con las secuelas de su trabajo de tornero. Tiene los brazos lastimados y una aguda artritis.
Con añoranza recuerda sus tiempo de trabajador. Nunca tuvo inconvenientes con sus compañeros de trabajo, sin importar la jerarquía en la empresa. Todos tenían el mismo trato con todos, “no como ahora”, acota, los problemas lo resolvían cara a cara. La lealtad los caracterizaba y se ayudaba al compañero que no realizaba bien su labor.”Cuando el alcohol los consumía, ya no había nada que hacer, y se tenían que ir.” señala.
En 1993 se jubilo y pasó a ser socio de la Unión de trabajadores, y como tal recibe dieciocho beneficios en áreas como la salud, vivienda o ayuda económica para él y toda su familia. En todo el país existen más de 3500 asociados entre ferroviarios jubilados, indemnizados y activos agrupados en veinte consejos ubicados alrededor de todo el país.
El celular de Miguel suena más de veinte veces al día. Gran parte de las llamadas son de otros dirigentes para agendar reuniones. Todos quieren el mismo objetivo: cambiar la situación actual de EFE para que vuelva hacer una empresa querida y respetada por la comunidad y por todos sus trabajadores. “Nosotros como organización sindical haremos todo lo sanamente posible para perseguir jurídica y penalmente a todos los que tengan responsabilidad en los ilícitos en EFE”, dice con total seguridad.
eto es de lo mejor