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Cuentas peligrosas abril 27, 2007

Posted by jpgarnham in Estructura dramática, Paz Crisóstomo.
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No, no es el título de una película. Es la historia de Héctor, un padre de familia que fue a pagar sus cuentas y terminó al borde de la muerte.
Por Paz Crisóstomo

“Ese día, me levanté con la idea de que algo iba a pasar”, dice Héctor Flores, con voz quebrada, cuando recuerda el día en que casi pierde su vida. Eran las nueve y media de la mañana y se dirigió al Banco BBVA ubicado en pleno centro de San Bernardo. En el lugar, tres hombres planeaban un asalto a mano armada.
Héctor Flores, de profesión Ingeniero Agrónomo, es un hombre de familia, con tres hijas y una esposa. Sabe que si algo le sucede, las mujeres de su vida quedarán solas. A más de un año del fatídico 2 de noviembre del año 2005, aun recuerda con suma claridad lo que sucedió ese día, pues tal como él mismo dice: “Jamás lo borraré de mi memoria”.
Apenas había ingresado al banco cuando sonó su celular. Al mismo tiempo, un hombre alto premunido de una pistola le ordenaba tirarse al suelo. El celular seguía sonando y Héctor, sin prestarle mucha atención al individuo armado, contestó el teléfono.
“Se está muriendo”, escuchó a lo lejos Flores. Recién entonces se dio cuenta de la gravedad de la situación. “Ahí me percaté de que había una gran mancha de sangre en el suelo, la que contrastaba con el piso blanco del lugar”, diría él tiempo más tarde. Le habían pegado en la cabeza con la cacha de la pistola y yacía en el suelo.
No sabe cuánto tiempo estuvo inconsciente. Lo único que
recuerda es que una vez que se fueron los asaltantes, lo trasladaron de inmediato al Hospital de San Bernardo.  Héctor cuenta que estuvo esperando que lo atendieran casi una hora, y que cuando por fin lo examinaron tuvo la certeza de que lo suyo era grave. El doctor que lo atendió le informó el diagnóstico: había que hacer una transfusión de sangre y suturar con rapidez, o el paciente moriría.
Mientras él se encontraba en pabellón, en la recepción del hospital su familia esperaba en silencio que les dieran más detalles de la salud de Héctor. “Después de un rato, llegó el doctor que lo había atendido, se acercó a mí y me explicó que si no reaccionaba bien estábamos en una situación muy delicada y que se podía morir”, cuenta su esposa Sonia.
Después de una hora en pabellón, su familia respiraba aliviada y como recuerdo de su aventura a Héctor sólo le quedaron diez puntos en la cabeza. La intervención fue un éxito, el hombre de la casa se encontraba a salvo y con todas sus mujeres acompañándolo. “No sé por qué me pegaron, si cuando entré al Banco no me había dado cuenta de que lo estaban asaltando”, repite Héctor constantemente.
No se explica aún por qué le tocó a él ser la víctima de la violencia de los ladrones. Lo que sí tiene claro es que no era su momento: “Dios no quiso llevarme. Él fue el que me salvó, no podía dejar a mi familia sola”, dice convencido.

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