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Siempre a fondo abril 27, 2007

Posted by jpgarnham in Estructura dramática, Paloma Horta.
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Se subió a la moto para no bajarse más. Meses en cama son sólo un detalle en una carrera de motocross.
Por Paloma Horta

La pieza de Pastrana marea. Sus cuatro paredes están plagadas con fotos de motos volando por los aires y amigos sonrientes y sudados, llenos de barro. Cuelgan brillantes medallas doradas y afiches de papel rojo sentenciando “LIFE IS NOW” o “TERRAFIRMA IN THE BLOOD”. 
Cristóbal Torres lleva 10 años en el motocross. Tiene 21. Sus amigos le llaman Pastrana por uno de los corredores freestyle más atrevidos de Estados Unidos, famoso por sus backflips y supermans, saltos mortales que despega de rampas de ocho metros de altura.
Nunca está en la casa, sólo come y duerme allí. En el colegio lo echaban de la sala unas tres veces por semana. “Yo no quiero trabajar en una oficina, ahí me vuelvo loco”.
“Eso de quedar raja, me encanta”. Así se vive el día a día, en constante autoexigencia. Y la moto es su forma de ser libre: “Me gusta la tierra, me gusta la velocidad… Viajar, estar más alejado… Volar”.
La última vez que Cristóbal voló fue en Noviembre del 2005, justo antes de la carrera final del Campeonato Nacional de Motocross.
Ese día anduvo “a fondo”. Ya tenía meses de gimnasio en el cuerpo, llevar la moto a más de cincuenta kilómetros por hora era como lavarse los dientes. Después de limpiar el filtro y masticar un power bar, se metió a la pista bajo el sol y la nube de polvo de siempre. Aún no había surcos, ni una huella. Se subió a su Honda 250 c.c. y después de  sólo dos vueltas presionó el acelerador hasta el final.
“Llego a la curva muy fuerte, le pego al peralte y salgo pal otro lao, osea me rebotó la moto… Salí cruzado. Caí de cabeza… Y me paré al tiro, siempre me paro al toque”. Cuando Pastrana se cae, no pesca y listo.
“Se te pasan mil huevás por la cabeza y chocái no más… Siempre uno se cae por… de huevón; me tenía que caer no más”. Andaba solo, le gusta saltar a veinte metros del piso sin que nadie le tenga que decir: “Oye loco, vai muy jugado”. Pero esta vez tuvo que llamar a un amigo para que fuera a buscarlo: “Me había sacado la chucha, no me quedó otra”.
“Me senté en el pick-up y ahí se me vino el mundo abajo”. Cristóbal se mareó, veía que todo daba vueltas, sintió la cabeza como en llamas. Y luego abrió los ojos en una camilla. “Me dolían hasta las pestañas”. Aterrizó sobre la nuca, fue un milagro haber salido de pié.
Sufrió tres meses sin poder caminar porque se había herido el oído medio. Pararse significaba vomitar.
“No pesqué nada… Hasta que se me pasó no más. Me duele el hombro, y filo, ando igual”. Pastrana es una máquina, nunca va a parar.

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