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Felipe Horta: La carrera del supercross mayo 26, 2007

Posted by jpgarnham in In media res, Paloma Horta.
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Convertir un deporte en un producto de consumo masivo es trabajo de toda una vida. Requiere de una maestría única y mucha perseverancia.
Por Paloma Horta

Las dunas de Ritoque eran un mar de humanos aplaudiendo el espectáculo nocturno. Bocas abiertas, manos en el aire. Juegos de luces láser, Sledgehammer sonando a un volumen ensordecedor y motos volando a siete metros del piso. Todos los lolos de las concurridas playas de Reñaca, mamás, abuelos, aregentinos y lugareños se juntaban a gritar por sus pilotos favoritos y comer maní confitado. “Lucky, lucky… luckiiiiiie strrrraaaaaaike!”, el conductor rugía el vernao del ’91, en el supercross. 
El nombre Felipe Horta es sinónimo de ruedas y motores en     Chile. Con dieciocho años, en 1978, ya tenía un cuarto destinado a la colección de trofeos que ganó corriendo motocross. Cuando salió del colegio corrió profesionalmente hasta que se le acabaron los rivales. Entonces partió a Estados Unidos, por dos años. No sabía decir ni hello.
Desde los trece comenzó a  jugárselas por hacer lo que más le gustaba. “Mi papá no tenía las lucas para pagarme cuatro motos para entrenar y competir, así que yo, chico pero puntudo, en las carreras, me sacaba el casco y le cerraba el ojo a los gerentes de Suzuki y Yamaha. Le ganaba a todos, así que podía hinchar por auspicios”, recuerda Horta, sentado en el sillón de cuera de su oficina.
-Acá siempre estuve sufriéndomelas, no había organización. Salía en los diarios, pero seguía sin ni uno. Me apesté-, relata el corredor robusto y pelado, quien alguna vez se alimentó de puro pollo, avena y lechuga.
Afuera consiguió ver carreras de verdad.  Recuerda: “Empecé a soñar de noche con que andaba en unas pistas así de pro, pero que estaba en Chile. Curvas cerradas, lienzos coloridos, limpios, setenta tipos pelándose la largada”. No quiso seguir vendiendo galletas McKay y echando de menos. A los veinticuatro años, ya estaba de vuelta.
Después de haber sido lo suficientemente seco para alcanzar el ritmo de campeones mundiales, de los que hoy salen en ESPN, nadie más tenía su experiencia en su país.
-Le propuse a la Federación de Motociclismo de Chile levantar la actividad del motocross –cuenta Felipe-, hacerla un producto, una marca-. Quería conseguir un público dispuesto a pagar por sentir la velocidad de cerca.
El Lucky Strike Supercross duró siete años. Pero antes, Horta estuvo tres pegado al teléfono, persiguiendo a todos los empresarios con plata que conocía, buscando terrenos donde construir pistas y consiguiendo máquinas con amigos. Ganaba un sueldo organizando eventos, pero quería independencia. Chile Tabacos fue la empresa que le creyó.
“Fui un deportista, convencido e impetuoso. Mi productora, Horta Producciones, es hoy un referente mundial de las tuercas y, gracias a ella, Chile también lo es”.

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