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Un sueño de 40 metros cuadrados mayo 26, 2007

Posted by jpgarnham in Gabriel Donoso, In media res.
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María dejó su rol de dueña de casa para dedicarse ciento por ciento a su sueño: un local de costuras y paquetería.
Por Gabriel Donoso

Brochas por doquier y varios galones de pintura. Dos andamios y tres hermanos trabajando. No es un negocio de pinturas, sino el inicio de una nueva etapa en la vida de María Nadeau. Se está dando la partida a la remodelación de un pequeño local, ubicado muy cerca de la tienda Ripley, en Talca. Aquel lugar, fue escogido para poner en marcha el sueño de María: La casa de la costura.
María dice que la idea de montar este negoció surgió por dos motivos: la necesidad de tener mayores ingresos y poder demostrarse a sí misma que era capaz de hacer grandes cosas. “Siempre me gustó este rubro”, afirma María. La idea de llevar a cabo su sueño contó con todo el apoyo de su familia, pero aún así, no todo fue tan fácil. Encontrar un local que se ajustara a su presupuesto y a sus necesidades fue como buscar una aguja en un pajar.
Hace poco más de un año, María era una jefa de hogar que dedicaba gran parte de su tiempo a realizar algunos arreglos de costura, que le encargaban sus vecinas del barrio Don Sebastián. Dice que pasaba gran parte del día sola. Un día, esta mujer de pelo castaño, ojos cafés y madre de cuatro hijos, decidió que era el momento de emprender un nuevo rumbo: Tener un local propio en pleno centro de la ciudad. María cumplió su sueño cuando tenía 47 años de edad.
El giro del negocio es costuras y paquetería. Hay cinco locales que pertenecen a este rubro y son competencia directa de María. Varios de ellos llevan muchos años en el mercado. “Lo que distingue a mi local es la amabilidad y simpatía de su dueña”, expresa, entre risas, María.
“Pienso en colocar a futuro un anuncio en la radio Paloma”, revela María. Ella dice que quiere optar a créditos fiscales para pequeñas microempresarias, cuyo requisito es tener un año de antigüedad en el rubro, exigencia que la cumplió el pasado 10 de abril, día en que La casa de la costura celebró su primer aniversario.
Ella recuerda con exactitud el día de apertura de su local. Dice haber empezado “como caballo de carrera”. Una mujer de abrigo café y pelo negro fue la primera en entrar a su negocio. Compró varias cintas e hilos, además de lentejuelas. María tomo un lápiz pasta negro e hizo una boleta por $14.360 pesos. Era su primera venta.
“Mi local es pequeño, pero acogedor”, dice María. Dio con él después de un mes de búsqueda. Un tono marfil fue el escogido para pintar el local. “La remodelación fue un éxito, porque se aprovechó al máximo el espacio”, revela María. Lo anterior queda corroborado al observar la cantidad de productos que hay a la vista del cliente en poco más de cuarenta metros cuadrados: cintas, botones, cierres, blondas y hasta un cuarto de costura. Si no me cree, vaya a verlo.

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