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Cercana (y universal) realeza junio 4, 2007

Posted by jpgarnham in Felipe Vásquez, Narrativización.
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Cecilia Bolocco era coronada Miss Universo en Singapur. En Santiago, Marina no podía más de la emoción. ¡La misma Cecilia que conoció cuando apenas era una niña! ¡Ella Ganó!
Por Felipe Vásquez

Quedaban cinco candidatas. Bob Barker, el conductor del programa, miró su tarjeta. El momento estaba a punto de llegar. Eliminó a Puerto Rico, después a Venezuela y luego a Estados Unidos. Sólo restaban Italia y Chile. «Y la virreina es… Miss Italia, Miss Chile es Miss Universo», pregonó Bob. En la casa de Marina sólo se escucharon gritos de alegría.
Marina Pastene tiene 71 años. Es madre de tres hijas y abuela de seis nietos. Su marido era detective. Cuando él murió, hace trece años, le dejó una jubilación de 500 mil pesos, una casa de tres mil UF y un auto. Ahora, vive sola. Como una reina. Pero Marina es reina desde hace mucho antes. Su coronación fue la noche del 26 de mayo del año 87. La misma noche en que Cecilia Bolocco se transformaba en la primera chilena, y única hasta ahora, en ser elegida Miss Universo. «Ella me convirtió en reina», dice Marina.
La vinculación de Marina con los Bolocco parte mucho antes de que Cecilia se hiciera famosa. Mimí, como su familia la llama, nació en Nancagua, un pueblito vecino de Santa Cruz. Su padre era latifundista y tenía extensos viñedos. Su familia siempre estuvo unida con los Cardoen, quienes a su vez son amigos de la familia Bolocco. Mimí conoció a Cecilia cuando la actual diva aún estaba en el colegio y luego la vio estudiando Diseño de vestuario en el INCA-CEA. Incluso, cuenta Marina, ella fue una de las que aconsejó a Cecilia para que se convenciera de postular al Miss Chile, pues al principio no quería participar.
Por eso, cuando Bolocco fue elegida la más linda del país y fue a concursar a Singapur por el cetro universal de belleza, Marina sentía su lucha como propia. «Me preparé para verla», cuenta Mimí. Se concentró en su casa con su marido, sus tres hijas, sus yernos y los dos nietos que tenía en ese entonces. Según la programación de Las Últimas Noticias de la época, el certamen sería transmitido vía satélite a las nueve y media de la noche por Televisión Nacional. En Singapur estaban los animadores oficiales Bob Barker y Mary Frann. Para la transmisión en Chile, los conductores estrellas eran Paulina Nin y Eduardo Cruz Johnson.
Marina no estaba segura de que Cecilia lograra ser Miss Universo. Pero sí creía que estaría entre las diez más lindas y, con un poco de suerte, entre las cinco mejores. Siempre admiró su seguridad y desplante: confiaba en ella. La prensa de la época, sin embargo, trataba con escepticismo su participación. Se había hecho la elección del mejor traje típico y Cecilia no logró figurar. Después se darían cuenta de que este percance no sería un obstáculo para la Bolocco.
El programa empezó. Era la versión número 36 del certamen. Mis Chile competía con 68 candidatas de todo el mundo. Al principio, hubo un desfile de naciones y una pequeña coreografía en donde Cecilia apareció en primera fila. Gladys Escanilla, la hija mayor de Marina, aclara que eso fue porque la Bolocco en su niñez estudió danza y tenía conocimientos más avanzados de baile. Gladys también conocía a Cecilia y  había compartido con ella clases de ballet.
Bob Barker ya había anunciado a nueve de las diez finalistas. Faltaba sólo un cupo. Marina y los suyos estaban pegados al televisor. Ni siquiera querían respirar. «Vamos, Cecilia, tú serás la próxima», se le escapó a Gladys. «Y la última candidata seleccionada es Miss… ¡Chile!», anunció el conductor. «¡Aaaahhhhh, sí, yo sabía!», exclamó Marina abrazando a su marido.
De ahí en adelante Mimí estuvo segura de que Cecilia sería la nueva Miss Universo. Y con eso, además, era ella misma quien ya se sentía ganadora. La había conocido cuando era una niña, la había visto crecer. Recordaba sus muestras de danza. Veía muy cercana su participación y su inminente triunfo. Mimí se sentía ella misma una reina.
Cuando Cecilia fue nombrada como la nueva soberana del universo, el júbilo no se hizo esperar. Marina, su marido y sus hijas no lo dudaron: tomaron el auto y salieron a celebrar a las calles. Pasearon por Providencia y por Plaza Italia tocando la bocina y haciendo flamear una bandera chilena que Gladys sacaba por la ventana trasera. Miles de personas salieron a las calles. Estaban Felices por Cecilia y por Chile. Y Marina, además, por su propio reinado.

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