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La farsa más grande del fútbol chileno junio 4, 2007

Posted by jpgarnham in Miguel Concha, Narrativización.
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Chile se enfrentaba a Brasil por las eliminatorias para Italia noventa, cuando el portero chileno Roberto Rojas protagonizó el hecho más bochornoso de la historia del fútbol chileno
Por Miguel Concha

Pedro Carcuro relataba con asombro y sarcasmo: “¿Veamos que hará la señora FIFA ahora?”. Una bengala, supuestamente, había impactado en el rostro de Roberto Rojas provocándole un profundo corte en su cara. El equipo chileno se retiraba de la cancha, sembrando la incertidumbre sobre el Maracaná.
El 13 de agosto de 1989 jugaban Chile y Brasil en el estadio Nacional por las eliminatorias para el mundial de Italia noventa. Diego Troncoso, Futbolero sin equipo favorito, pero sí amante de la selección nacional, se encontraba en la cancha aquel día. “Estuve tres horas haciendo la fila para comprar mi entrada. No me lo podía perder, era un partido trascendental para las aspiraciones de ir al mundial”, explicaba Diego.
El estadio estaba repleto. Los colores azul y rojo teñían las galerías. “teníamos una gran expectación. Creíamos en este equipo”, contaba Diego.
Aquel encuentro no estuvo exento de polémicas. Diego Troncoso sabía que era un partido caliente, como se le dice en la jerga futbolera. A los 57 minutos los brasileros anotaban la primera cifra tras un autogol del defensa chileno Hugo González. Un silencio sepulcral en el estadio permitía escuchar hasta lo que decían los jugadores. “El equipo chileno no jugaba a nada”, Comentaba Troncoso. Cuando la gente comenzaba a sacar sus cigarros para mitigar el nerviosismo, llegó la anhelada cifra de la paridad. El “Hueso” Basay, mediante una jugada de laboratorio salida de un tiro libre, lograba el 1-1. “La tocaba el ‘Mortero’ Aravena hacia un lado para que apareciera solo el ‘Hueso’ y decretara el empate a los 83 minutos. Saltamos como si hubiésemos ganado una copa del mundo”, expresaba Diego. Ahora había que esperar la vuelta.
En una Tele IRT trinitrón en colores, Diego estaba listo para ver el duelo de vuelta. “El partido lo esperábamos como una final”, comentaba. El 3 de septiembre de 1989 los equipos de Brasil y Chile salían al campo de juego en el mítico Maracaná, ante 130 mil personas. El comienzo del duelo estuvo lleno de nervios. Ambos equipos lanzaban pases erráticos, caían en el juego violento y se dedicaban a reclamar al árbitro con recurrencia.
Con el pasar del reloj, Brasil empezaba a manejar el balón mediante el control del mediocampo. Branco, la gran estrella de los verde amarelos, tenía de cabezas a la defensa chilena. Sus gambetas y remates al arco hacían que Roberto Rojas, portero del equipo chileno, volara sacando remates con mano cambiada. Diego era enfático: “El cóndor estaba jugando el partido de su vida”.
Llegaba el minuto cincuenta, y el delantero brasilero Careca sacaba un derechazo que dejaba sin reacción al “Cóndor” Rojas. “Nos quisimos morir”, decía Diego. Se decretaba el 1-0 a favor de Brasil que eliminaba a Chile. El partido seguía avanzando hasta que en el minuto 66 sucedió lo insólito. La hinchada brasilera, que se encontraba detrás del arco de Rojas, lanzaba una bengala dentro del campo de juego. Una humareda detenía el partido. Rojas se encontraba tirado en el suelo con las manos en la cabeza. Rápidamente llegan a su auxilio Fernando Astengo, el capitán, y los médicos del equipo. Un gesto desesperado para que venga la camilla, evidenciaba la gravedad del hecho. Rojas se encontraba bañado de sangre con los ojos cerrados. La bengala que, supuestamente, había cortado la ceja del portero, provocando que el equipo chileno no continuara el encuentro. “Me volví loco, sentía que nos estaban robando de lo lindo”, decía Diego.
El diario La Tercera del 4 de septiembre de 1989 tenía un título y una bajada bastante elocuente: “¡Mafioso! Salvaje agresión a Roberto Rojas pudo dejarlo ciego. ¿Castigarán al estadio Maracaná y a sus hinchas?”.
La FIFA había comenzado un seguimiento del incidente. Tras su indagación, determinó que los puntos serían otorgados a Brasil porque el equipo chileno había abandonado el campo de juego. Luego, el diario La Tercera publicaría una entrevista donde el propio Roberto Rojas admitía que se había autoinferido un corte con una gillette, admitiendo la farsa más grande del fútbol chileno. Diego con rabia lo contaba: “Esto fue devastador. Todos nosotros creímos en su verdad, para luego darnos cuenta que fue toda una farsa. Nos dejó sin dos mundiales por su irresponsabilidad”.

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