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El informante chileno de Al Gore julio 8, 2007

Posted by jpgarnham in Catalina Duco, Noticias de 2007, Trabajo final.
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Ante un plato de pescado con ensaladas verdes y una lata de Coca-Cola Light, el ex candidato presidencial de Estados Unidos captaba datos útiles para su presentación en CasaPiedra.
Por Catalina Duco

La reserva en el hotel Sheraton bajo el pseudónimo de Robert Stone estaba lista. El GOPE ya había inspeccionado el recinto de cinco estrellas y cuatro autos blindados esperaban su llegada. También estaba agendada una reunión secreta con un ex presidente chileno.
La noche anterior al seminario La Hora de actuar ha llegado, Daniel Trujillo, productor general del evento, y Emily Trievel, asistente del ambientalista, se reunieron  en el bar del Sheraton. El itinerario de las catorce horas de Al Gore en Chile se vio modificado por un anuncio de Emily:
-El Sr. Gore no irá al hotel antes de su presentación. Tiene una reunión importante.
-Pero, ¿cómo? Si ya está todo listo… ¿con quién se reunirá?, -preguntó Daniel.
-Esa es información confidencial, -respondió Emily.
Pero Daniel ya se había enterado por una amiga que trabaja en La Moneda, que AL Gore tenía intenciones de juntarse con el ex presidente Ricardo Lagos. Después de una larga conversación, la asistente le confirmó la información. A la una de la madrugada, la junta de Daniel y Emily había terminado: la jornada siguiente prometía ser intensa.
El 11 de mayo, día del seminario, amaneció nublado. Los empresarios, políticos y asistentes comenzaban a ingresar a CasaPiedra a las 14:00 horas, después de atravesar unos pórticos detectores de metales.
Una hora después, el presidente de Oikos Chile, uno de los organizadores del evento, daba la bienvenida a los más de mil asistentes que habían pagado aproximadamente noventa mil pesos por su entrada. Todos los asientos del Gran Salón de CasaPiedra estaban ocupados.
Mientras, Emily informó a Daniel que el avión en donde viajaba Al Gore desde Buenos Aires, venía con un retraso de dos horas y media. Ella canceló la reunión secreta con Ricardo Lagos y una angustiosa espera se apoderó de Daniel.
Las presentaciones de los otros expositores iban terminando y el invitado de honor aún no llegaba al recinto. Daniel mantenía contacto permanente con la comitiva que esperaba a Gore en el aeropuerto. A las 18:00 horas, llegó el estadounidense a CasaPiedra rodeado de cuatro guardaespaldas.
El productor lo esperaba solo en un Salón VIP que se encontraba detrás del escenario. En una mesa, un plato con pescado a la plancha y ensaladas verdes y una lata de Coca-Cola Light estaban servidos para el norteamericano, tal como lo había exigido. Al Gore, un hombre de un metro noventa, canoso y dueño de una panza al estilo Bart Simpson, ingresó a la sala junto a Emily. Sus ojeras y su paso lento delataban pocas horas de descanso.
El expositor y el productor se saludaron. Al Gore le preguntó a Trujillo cómo veía él que el calentamiento global estaba afectando a Chile.
-Bueno, hay un viejo refrán que dice “Abril, lluvias mil”, pero eso ya no ocurre. Ahora, las precipitaciones se presentan desde junio y como pequeñas tormentas.
-¡Ah!, interesante, -respondió.
El norteamericano conversó animadamente, y siempre en inglés, con Daniel, y no probó su plato de comida. Firmó una veintena de libros sobre su documental, mientras Emily intentaba darle cucharadas de comida en la boca. Gore ordenó que ingresaran a la sala los fotógrafos oficiales del evento: quería retratarse junto a  los ex presidentes chilenos Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, quienes habían ingresado al salón VIP para saludarlo.
Al Gore asomó su cabeza entre las cortinas que colgaban detrás del escenario del Gran Salón de CasaPiedra. Darío Salas, filósofo chileno, llevaba más de una hora haciendo su presentación que originalmente duraría veinte minutos.
“El murmullo de los asistentes al seminario sonaba fuerte en el ambiente, muy pocos escuchaban a Darío Salas”, recuerda Sebastián Solís, miembro del público. “Todos esperábamos a AL Gore”, confiesa Francisca Baldovino, amiga de Sebastián.
La conferencia del académico nacional había terminado. En el salón VIP, Al Gore escuchaba la introducción de María José Prieto. Ya era momento de iniciar su exposición y el público estaba expectante. Antes de subir al escenario, Daniel le preguntó:
-Sr. Gore, permítame una última pregunta, ¿se presentará como candidato presidencial o no?
-No, por ahora lo descarto -respondió mirando a Daniel a los ojos-. Mi hora de actuar ha llegado.
Gore le estrechó la mano a Daniel y partió al proscenio. Un estallido de aplausos retumbó en el Gran Salón. Los ojos de los asistentes se clavaron en el expositor. Mientras, la presentación se comenzaba a desplegar en la pantalla de nueve metros de largo que colgaba sobre el escenario.
-Muy buenas tardes -comenzó Al Gore ante su audiencia-, yo sé que existe un refrán chileno que dice “Abril lluvias mil”, pero eso ya no ocurrirá más.
Una sonrisa se dibujó en la cara de Daniel mientras se acomodaba en el palco preferencial. Al Gore lo había parafraseado ante la elite política y económica chilena.

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