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Del trópico al cemento santiaguino agosto 20, 2007

Posted by jpgarnham in Ignacia Labbé, Imitación de registro.
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Para esta colombiana nuestra capital se volvió algo común, las cosas que más extraña aún no.
Por Ignacia Labbé

Por Avenida Kennedy transita a diario, se dirige a su trabajo en el Edificio Marriot. Ahora ya es rutina, pero sus primeros días en la capital fueron distintos. « ¿No sé qué tengo?, ¿cómo será que estoy vestida?», se preguntaba Diana Suárez al sentir tantas miradas en las calles de Santiago. Con casi tres años en la capital todavía siente los ojos discriminadores ante su tono de piel oscuro. Pero no sólo eso llama la atención de los chilenos, su llamativa y esbelta figura provoca piropos que van y vienen hacia esta colombiana. Son treinta y un años, pero esta negra curvilínea se ha sabido cuidar. Es alta, sus ojos son grandes y posee una sonrisa envidiable. «Contenta y otras veces muy enojada», comenta Diana sobre sus reacciones ante tanto halago y ojeada.
El respeto y el trato normal, por lo menos al salir a la vereda, son dos de las cosas que hecha de menos. Pero sin lugar a dudas el que encabeza la lista de Diana al extrañar es su novio. «Es diplomático y vuelve en Enero, es difícil», dice apenada esta asistente dental.
La falta de sazón en las comidas y el clima también son factores importantes cuando recuerda con nostalgia las tardes en Buenaventura, su puerto natal. Sin embargo, el extrañar es ya una costumbre para ella. Desde pequeña estuvo viajando por América. Primero estudió en Cali, luego trabajó en Ecuador y antes de Chile, pasó por Mendoza a visitar a su recién casada hermana. Pero no todo es melancolía, le fascinó Santiago y el trato cálido de sus cercanos. También ha tenido suerte, le costó muy poco encontrar trabajo y reconoce que su único “gran” problema fue acostumbrarse a la velocidad con la que hablamos. «Al principio no platicaba mucho, tenía que escuchar y procesar lo que decían los demás», dice ella.
No cambia la temperatura de sus aguas, pero sí el ron. «La piscola ya lo desplazó», afirma con una sonrisa coqueta. Esto último le recuerda sus fines de semana donde se entretiene bailando con sus amigos latinoamericanos. Cerca de su casa, en pleno barrio Suecia, se dirige a “Tierra Colombiana” o al “Macondo”, sus destinos preferidos. Allá  se siente un poco más cómoda, vuelve un poco a casa y no recibe tantas miradas curiosas.

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