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La entrada a la vida de hombres de la calle septiembre 11, 2007

Posted by jpgarnham in Escena, Renato Adriazola.
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La relación entre un cuidador y los mendigos que llegan a una hospedería.
Por Renato Adriazola

Un hombre de piel lisa y barba pronunciada avanza hacia un edificio de fachada roja, la Hospedería Padre Álvaro Lavín. Llega a la reja de entrada y otro hombre le saluda mientras sale: «Cómo tamos Paulito». Un murmullo se escucha desde la boca de Pablo y éste ingresa a la hospedería saludando a un grupo de hombres que fuma en la entrada. «Uno los conoce», afirma Pablo.
Pablo Soto, cuidador de la hospedería, ha llegado para su turno nocturno. Se para en el vestíbulo y ve a tres hombres pidiendo dinero a las personas que pasan por la calle: «Pa’ la cama y la comía», dicen. El hogar cobra 400 pesos por una cena y una noche de estadía. Los hombres, al entrar, previamente son registrados: «Se les hace la ficha particular con los datos personales… de ahí pasan acá», explica Pablo.
El recinto, cuenta el celador mientras ingresa, está dividido en cuatro partes: hall central, cocina, baños y dormitorios. Estos últimos son tres, cada uno con 56 camarotes. Afuera se escuchan sólo unos pasos. Los hombres que pedían dinero ya están adentro disfrutando de una cazuela. Algunos inician una conversación acerca de la cantidad de caldo de cada uno, mientras otros saludan al cocinero. En tanto desde la puerta el cuidador los mira. «Aquí llega todo tipo de gente, con problemas de drogadicción, de alcohol y de la calle», relata Pablo. Un hombre de un metro y medio, con un par de cicatrices en la cara, se acerca y saluda con la mano a Pablo. Al irse, el cuidador lo queda mirando, y aclara: «acá llega gente que ha venido saliendo de la cárcel».
Media hora ha transcurrido y ya no entra gente al lugar. Pablo observa directamente la calle. Un par de jóvenes vestidos con ropa ancha transita por ésta. Luego explica: «Aquí el barrio es malo… hay que tener cuidado con los chiquillos». Cuenta, además, que estar a las tres o cuatro de la mañana afuera es un riesgo: «Andar solo acá en la noche igual es peligroso, te cogotean».
Al volver al interior del lugar, un par de hombres se mira durante largo rato y sus palabras retumban en el hall. Pablo dice estar acostumbrado a los roces. Cada vez que ocurre algo así se acerca y trata de controlarlos. «Igual que en una familia grande siempre hay roces, por eso trato de calmarlos», explica, mientras algunos hombres van a los dormitorios. En la entrada, dos mendigos que palmotean en el hombro a Pablo y prenden unos cigarros.
El cuidador del hogar se apoya en la puerta del hall y explica: « [la hospedería] puede estar funcionando toda la noche… hay amigos que empiezan a llegar desde las una, dos de la mañana». Los hombres que fumaban comienzan a entrar al recinto mientras discuten y Pablo los observa. Dice nunca haber tenido problemas con ellos aunque, explica tras la entrada del último hombre afuera, sabe que otros cuidadores sí han recibido escupos, garabatos y botellazos.

Comentarios»

1. Macarena M. - septiembre 20, 2007

El lead me pareció largo, aunque cumple con contextualizar y pone al lector en el lugar preciso (la hospedería), al describir quiénes pasan, cómo van, qué dicen las personas y cómo, etc. Si bien, es largo para ser el primer párrafo, cumple con entregar una muy buena escena.

Usas buenos detalles (“cicatrices en la cara”, que el hogar cobra $400, la “cazuela”, etc.).

El que hablaras de la Hospedería a partir de un personaje, Pablo, hizo que fuera más cercano el relato.


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