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Hasta luego, Eleonor octubre 1, 2007

Posted by jpgarnham in Ana Reus, Estructura dramática.
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Allan, un joven de veintidós años, tiene dos amores: su moto y su polola, Catalina. En una noche de otoño, por poco pierde a las dos.
Por Ana Reus

Tirado en plena calle, Allan llora. Un sentimiento de culpa lo invade. No puede creer lo que ha ocurrido.
“Discúlpeme tía, discúlpeme. Nunca le quise hacer nada su hija ¡Se lo juro!”, le exclama el joven a la mamá de su polola, Catalina, que está a siete metros de él. Grita desconsoladamente por el dolor que siente en su pierna.
Sábado 12 de mayo. Allan Donaire, un joven de veintidós años, se mira con sus intensos ojos azules en el espejo de su pieza. Viste un blue jeans desgatado y una chaqueta de cuero color negra. Se toma su pelo castaño y mojado haciéndose una cola. Moviendo su cabeza de lado a lado, se mira por última vez antes de salir de su casa, ubicada a tres cuadras del Parque Intercomunal de La Reina.
“Ya Cata, vámonos yendo que estamo ultra atrasados”, le dice a su polola, mientras saca de su escritorio las llaves de la Eleonor, una moto marca Linmax y modelo Sport 150 cc. La compró en agosto del 2006, luego de trabajar un año como repartidor en una empresa de hielos.
Con los cascos puestos y Allan al volante de la Eleonor, la pareja parte rumbo a un asado en la comuna de La Florida.
Por la calle Tobalaba, un viento helado golpea los cuerpos desprotegidos de los jóvenes que viajan en moto. Catalina abraza fuertemente a su pololo y pone su cabeza contra su espalda. Él sonríe.
– Amorcito, te quiero mucho.
–    Yo también preciosa.
La Eleonor va primera. Un auto Yaris Sport de color azul, atrás. Segundos después, la moto queda segunda. El vehículo la ha sobrepasado, por el costado izquierdo.
Tobalaba con Walker Martínez. Ceda el paso. El auto frena abruptamente al darse cuenta que no podrá seguir de largo. Allan, para no chocar con la máquina azul, cruza al otro extremo de la calle.
“En la ambulancia lo único que le pedía a Diosito es que yo tuviera peor suerte que la Cata, me moría si le pasaba algo malo, me moría”, recuerda el motociclista.
Ni sangre ni dolor habrían existido, su maniobra hubiera sido perfecta, de no ser porque justo en sentido contrario, venía un Yaris Sport color rojo. El choque es inminente. Segundos después, la Eleonor, Allan y Catalina están solos. Los dos autos se han fugado.
Ella presentó lesiones leves y fue dada de alta ese mismo lunes. Él, en cambio, perdió todo el hueso de su tobillo derecho, que fue reemplazado por seis pernos. Tras cuatro meses de recuperación hoy puede caminar sin muletas, a pesar de que por momentos aún siente dolor. Además de congelar sus estudios, su familia ha tenido que endeudarse en cinco millones de pesos con el Hospital Militar.
“No po, pero lo que más echo de menos es a la Eleonor, pero ¡lejos!” dice, mientras mira con los ojos hacia abajo a su moto, parada hace meses en la entrada de su casa.

Comentarios»

1. Laura - octubre 5, 2007

La historia me ha gustado bastante pero el momento del clímax creo que podría haberse acentuado un poco más. Por otro lado, las citas hacen al texto más ágil y ameno.


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