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Olor a gas octubre 1, 2007

Posted by jpgarnham in Antonia Krebs, Estructura dramática.
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La advertencia de no prender fuego cuando hay olor a gas es bastante común. Sin embargo ésta no se hizo presente en los pensamientos de Gabriela al momento de prender la llama del calefón.
Por Antonia Krebs

Eran alrededor de las siete de la tarde cuando llegaron de vuelta a la casa. Gabriela, Sofía y Alejandra habían pasado toda la tarde en la playa de Algarrobo, y a esa hora se disponían a una ducha tibia, ya que todavía venían con el pelo mojado por el mar. Esa ducha, que sería fría, desencadenaría un escape gas en la bodega que estaba detrás del patio de la casa. 
Sofía, de siete años, fue la primera en entrar al baño que está en el segundo piso de la casa. De repente se escucharon sus gritos desde arriba: «¡Está saliendo el agua fría! ¿Quién me prende el calefón?». Gabriela tenía catorce años y Alejandra diez, y muchas veces habían visto a sus padres prender el calefón. Como ellos todavía no habían vuelto de la playa, decidieron intentarlo por su cuenta.
Debido a la cercanía del mar la bodega era húmeda y mohosa. Estas condiciones muchas veces provocaban que la llama del calefón se apagara, sin embargo el paso del gas no se cortaba.
Al abrir la puerta de la bodega sin ventanas, las hermanas advirtieron el fuerte olor a gas que inundaba el lugar, sin embargo ninguna de las dos se alarmó por esto. «Es raro, porque yo sé que no hay que prender fuego cuando hay olor a gas, pero en ese minuto ni se me pasó por la cabeza», recuerda Gabriela. Se acercó al calefón y al ver la llama apagada prendió un fósforo.
Las hermanas sintieron un fuerte estruendo. «Fue como en las películas, de repente BUUMMM y había fuego por todas partes», explica Gabriela. Por un momento el gas suspendido en el aire se prendió, quemando superficialmente lo que estaba en la bodega, pero las llamas desaparecieron rápidamente.
La reacción de las hermanas al momento de la explosión, fue cerrar los ojos y agacharse. Al abrirlos notaron que todo estaba igual que antes, sólo que el pelo y la ropa de las dos estaban completamente chamuscados, y la pieza repleta de humo.
Minutos después de la explosión llegaron a la casa los padres de las niñas, que dejaron paletas, toallas, bolsos y cuánto tenían en las manos tirados en el jardín, al escuchar los gritos que venían desde el patio.
Gabriela y Alejandra tenían quemaduras en los pies, por eso sus padres las llevaron inmediatamente a la posta más cercana, para luego ser trasladadas a Santiago.
Tras algunos meses, Gabriela y Alejandra se recuperaron completamente de las quemaduras. Eso sí, Gabriela asegura que es capaz de ventilar por 10 minutos incluso cuando los quemadores de la cocina despiden un leve olor a gas.

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