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Cuando el amor es más fuerte noviembre 7, 2007

Posted by jpgarnham in Edgar Merino, Narrativización.
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Tres mujeres, tres maneras de vivir la visita del Papa Juan Pablo II al país, pero un sentir común, el Papa clavo su mirada en ellas de una forma que jamás olvidaran.
Por Edgar Merino

Hasta el día de hoy conserva el pañuelo que compró a las afueras del Parque O’Higgins por 500 pesos. Es una de las evidencias que más cuida Nelly Mena de 77 años de edad, quien fue testigo junto a miles de personas de uno de los hechos más recordados por el país: la visita del Papa Juan Pablo II.
Mena, venía aguardando con ansias el día en que el Papa estaría a eso de las diecisiete horas en la elipse del Parque O’Higgins. Recuerda que ese viernes tres de abril de 1987 se levantó a las diez de la mañana para arreglarse, pues el Papa estaba en Santiago y no podía quedar ausente de esa importante cita para los católicos. Se reunió a tomar desayuno con dos primas que la acompañarían al encuentro con el Sumo Pontífice.
Sonia Fuentes de 65 años de edad, ejerce como profesora de religión hasta el día de hoy. “Es un trabajo muy lindo”, asegura. El Papa es la autoridad divina en la tierra y cree que sería maravilloso verlo. Ese tres de abril lo comenzó tipo ocho de la mañana, porque partiría a las once horas a la elipse, debido a que tenía miedo de quedarse sin locomoción y no quería perderse de nada.
La señora Nelly Miranda de 83 años de edad, recuerda ese tres de abril de manera especial. Ella no es creyente pero de igual manera le resultaba atractivo presenciar la visita

del Papa, al menos por televisión ya que vivía en Chillán. Estuvo escuchando expectante desde las once de la mañana,
las noticias que daban en la radio Cooperativa y haciendo zapping de vez en cuando en su Tv.
Nelly Mena, luego de desayunar con sus primas partió, alrededor de las dos de la tarde al Parque O’Higgins. Mucha gente se movilizaba por el sector y recuerda haber caminado varias cuadras, porque se encontraba cerrado el tránsito en el tramo cercano al parque. En ese momento no se cuestionaba nada y su cabeza estaba puesta en ver al “Peregrino de la Paz”. No se imaginó la cantidad de gente que iba a encontrar. Estaba repleto de feligreses, muchos con lienzos o pancartas en alusión al Papa con expresiones como: “mensajero de la paz” o “soberano del mundo”.
Sonia Fuentes partió a las once horas al parque O’Higgins, desde su casa ubicada en Las Condes. Quería estar desde temprano viviendo la experiencia junto a otras personas. Cuando piso la elipse del parque, a eso de las doce, se dio cuenta de que mucha gente se había despertado antes que ella, pues más de 1000 personas ya se encontraban en el lugar. Eso la motivó aún más, a esperar con calma y fe las horas que restaban para que el Sumo Pontífice se asomara por esos lados.

Nelly Miranda, seguía atenta las noticias de la radio y de vez en cuando, prendía la televisión para observar los
avances noticiosos que transmitían desde Santiago. Cree que ese día todos fueron católicos. El ambiente, incluso en su
región, era distinto a lo que se acostumbraba. Las personas respiraban tranquilas y reinaba la serenidad.
Estas tres mujeres, al llegar la hora de la verdad en que pudieron apreciar al Papa, sintieron lo mismo. Juan Pablo II, las miraba fijamente y les trasmitía un mensaje lleno de magia, amor y paz. A pesar de las más de 20.000 personas que se encontraban en el lugar, Mena y Fuentes, concibieron que cuando el Papa miraba el sector donde estaban ubicadas, clavaba sus ojos directamente en ellas.
Sonia y Nelly, coinciden en quedarse con una frase que les puso los pelos de punta, “el amor es más fuerte”. Justo en ese momento aumentó la tensión, cuando de la nada aparecieron manifestantes y carabineros, y todo parecía transformarse en un campo de batalla. Sin embargo, el Papa permanecía en el altar mayor y con sus palabras, al rato llegó la calma.
Nelly Miranda, que no profesa la religión católica, cree que increíblemente viendo al Papa, tan sólo por televisión sintió lo que nunca antes había sentido: paz y amor que alcanzaba para alimentar a todo un grupo, a toda una nación, a todo el mundo.

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