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Una inútil rendición noviembre 7, 2007

Posted by jpgarnham in Ignacia Labbé, Narrativización.
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Un memorial en la Caja del Seguro Obrero hace recordar aquel lunes fatal. Hace recordar también, cómo esta masacre cambió la historia. Eran los tiempos de los nazis en Chile.
Por Ignacia Labbé

El 5 de septiembre una revolución de carácter nazista que apoyaba al candidato Carlos Ibáñez del Campo terminó en masacre y dolor. Era entonces 1938, un año de elecciones donde Arturo Alessandri Palma dejaría el poder. A casi un mes de las elecciones el favorito del presidente, Gustavo Ross, vería cambiar su futuro por una orden crucial.
Humberto Yuric era un joven de veintiún años que pololeaba con Margot Navarro. Él pertenecía al Movimiento Nacional Socialista (MNS), cosa que no fue un problema para ella, ya que su familia entera apoyaba el movimiento también. Ese día lunes Margot tomó una siesta porque habían cerrado temprano el centro y el local donde ella trabajaba. Sus hermanas también estaban temprano en la casa, ya que el Liceo 5 había suspendido su jornada.
Después de una reunión en el Parque Forestal, los integrantes del MNS estaban decididos a entrar en acción. Jorge Gonzáles von Marées era el líder de estos jóvenes militantes nazistas que tras un golpe de estado querían cambiar el país imponiendo mayor rectitud, lo que   conseguirían con la subida de Ibáñez al poder.
A pesar de que su familia no se involucraba mucho en lo que hacía a diario, Rodolfo Melantiao participaba activamente en el movimiento nazi. «El movimiento atraía mucho a los jóvenes, estaba de moda ser nazi», recuerda David Embry, sobrino de Rodolfo. El rechazo a los comunistas y a las matanzas de las que culpaban a Alessandri en el norte eran las excusas suficientes para participar de esta corriente. Rodolfo y su cuñado Cottorino Fobiatti participaron en esas reuniones claves que preparaban el gran acto del 5 de septiembre.
El foco ya estaba claro y los integrantes del MNS se dividieron en dos frentes, uno fuera de la Universidad de Chile y otro en la Caja del Seguro Obrero. Mientras era tomada la Caja, los otros nazis tenían como rehén al rector de la Universidad. Horas después estaban rodeados de Carabineros y en espera del apoyo militar que les había prometido Ibáñez. Pero éste no llegó y los jóvenes terminaron por rendirse. Los Carabineros reclutaron a los que estaban en la Universidad de Chile y en filas los trasladaron con las manos en alto hacia Moneda con Morandé, es decir, hacia la Caja del Seguro Obrero.
A plena luz del día, en el centro de Santiago y en medio de campañas electorales reñidas, Arturo Alessandri Palma dio una orden al General Director de Carabineros. En pisos separados, cincuenta y siete jóvenes -que promediaban los 22 años- fueron ejecutados por la fuerza pública en el edificio del Seguro Obrero.
«Vivimos horas de incertidumbre. Mis abuelos estaban muy angustiados y cuando estábamos cenando aparecieron mis tíos sanos y salvos», recuerda David. Justamente a Rodolfo y a Cottorino les asignaron vigilar otros sectores de la capital. Al entrar Rodolfo al comedor, su padre sacó una varilla de membrillo y lo azotó duramente en las piernas. Lo obligó a salirse del movimiento porque no quería perder a un hijo por política. Muchos de sus amigos habían muerto, Rodolfo no lo pensó dos veces y jamás volvió a usar tal uniforme.
La suerte fue distinta para la familia Navarro. Margot se despertó horas después de la matanza y tras escuchar por la radio, se enteró de la muerte de Humberto. El miedo y las lágrimas fueron las reinas en la casa Navarro y Yuric. «La Margot visitó la tumba de Humberto hasta que la salud le dio», recuerda Silvia, su hermana.
La medida drástica tomada por Alessandri hizo volver la opinión contra su administración. La indignación fue transversal en la sociedad chilena. El hecho de que la insurrección estuviera compuesta por jóvenes rendidos era un argumento demasiado fuerte. Tras la traición y las consecuencias que trajo su falta de apoyo, Ibáñez escapó a Argentina para volver años más tarde y ser presidente por segunda vez en 1952.
Tras ese fatídico lunes 5 de septiembre de 1938, el escenario había cambiado de un día para otro. El 25 de octubre las hermanas Navarro, aún con dolor, escucharon por radio el resultado de las elecciones presidenciales. Las órdenes de Alessandri tuvieron repercusión. Gustavo Ross fue el perdedor y el radical Pedro Aguirre Cerda entraba a La Moneda.

Comentarios»

1. José Antonio Giordano - noviembre 12, 2007

Ta muy bueno. Muy bien hiladas las historias. Pero yo hubiera terminado con la cita del cementerio…

Felicitaciones

2. F - marzo 23, 2008

Hola María Ignacia…nuevamente debo felicitarte por tu excelente trabajo, siendo el tema quizás ignorado por la gran mayoría, es positivo haberlo traído, ya que de alguna manera nos recuerda nuestra historia…..bien logrado, excelente narración…


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